La ciudadela de Spandau
31 Julio, 2009
La entrada a la ciudadela por el único punto donde se puede cruzar el aguaLa ciudadela o Zitadelle en alemán, se construyó en la segunda mitad del siglo XVI sobre lo que había sido un asentamiento medieval, y se encuentra a la orilla del río Havel, el mismo que lleva hasta Brandeburgo. Desde entonces, se han ido añadiendo construcciones a la fortaleza, que cuenta hoy con una mezcla de estilos bastante curiosa. Lo más bonito de la ciudadela es probablemente su planta, con una estructura cuadrangular perfecta rematada por bastiones en las cuatro esquinas, todo ello rodeado de agua, como debe ser.
La muralla de ladrillo le quita el encanto de los castillos medievalesNo tenemos muy claro si la visita es gratuita o hay que pagar. Cuando atravesamos el foso por el puente para entrar vimos que había una taquilla, así que directamente fuimos a comprar la entrada sin preguntar. Nos podíamos haber colado tranquilamente sin que nadie nos viera, así que después pensamos que la entrada sólo hay que pagarla si se quieren visitar los pequeños museos que han montado en algunos de los edificios del recinto, donde sí te piden ya la entrada.
En el restaurante hay música en directo y hasta brunch los domingosApenas habíamos comenzado la visita cuando el dichoso tiempo cambiante de Berlín nos volvió a jugar una mala pasada y empezó a llover. Tuvimos que acelerar por tanto la visita y no
Encontramos un montón de estatuas almacenadas en la calleVisitamos un museo de historia de Spandau bastante bien trabajado, con el material justo para leer sin resultar pesado y con todo tipo de objetos de distintas épocas que permitían hacerse una buena idea de cómo evolucionó el asentamiento hasta convertirse en un barrio de Berlín. Una vez más, no me dejaron entrar con el trípode al museo, según ellos por motivos de seguridad...
Admirando el interior de la ciudadelaDespués pasamos por una exposición de cañones de todo tipo (había incluso algunos japoneses) en la que lo más llamativo que vi fueron cuatro esculturas de madera representando a los cuatro jinetes del Apocalipsis, supongo que por aquello de la temática bélica de la muestra...
Terminamos la visita subiendo a la Juliusturm, desde la que se tiene una buena panorámica de los alrededores, más bien feos y ni siquiera dignos de una foto. A los pies de la torre hay un tercer museo dedicado más en concreto a la ciudadela y las distintas etapas por las que atravesó su historia, y con él pusimos el punto y final a la visita.
Al salir nos encontramos con una sorpresa, y es que había tres tiparracas prácticamente acampadas a las puertas de la fortaleza cogiendo sitio ya en la cola para el festival que se celebraría por la noche. Viendo el cartel del evento no me explico cómo podían ser tan freaks, porque no eran más que cuatro bandas de tres al cuarto.
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Now playing: Fito y los Fitipaldis - Me equivocaría otra vez
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Yo pensaba que estaba viviendo una aventura en Vilnius, pero no ha sido hasta hace unos días que me he dado cuenta de la realidad del país y del día a día de miles de personas, que no tienen la suerte de vivir en las calles bonitas del centro y de tener un seguro en una clínica privada donde te atienden con una sonrisa en la boca y te tratan como a un rey.






