Si este blog fuese otro de los de la lista de blogs de becarios que más o menos se actualizan regularmente, podría empezar esta entrada así:
Hoy estoy triste. Muy triste. Ella ha muerto. Y si no ha muerto, está gravemente herida, en coma. El pasado sábado tuvimos un accidente estando de vacaciones. Lo que parecía que iba a ser una tranquila jornada de vacaciones en uno de los paraísos panameños se convirtió en la mayor de nuestras pesadillas. Tan joven, sólo dos años de edad, y Canon ya va montada en la barca de Caronte.
Pero como este blog no es los ojetes de nadie, es más bien el diario de un pinche chilaquil, me quito de dar vida a un objeto inanimado y cuento las cosas como son. El sábado fui a pasar el día a uno de los sitios más parecidos al paraíso que uno se puede encontrar: San Blas, o como se denomina ahora, la región Kuna Yala.

Como ya os comenté una vez, lo primero que sorprende de esta región es la bandera: Rojigualda, como la de España, y con una esvástica invertida en el centro. Ideal para pasear con ella por Malasaña. Por lo que tengo entendido, es una sociedad en la que las mujeres mandan más que los hombres, y bueno, ellas visten así:
Sexy, ¿eh? Las cuerdas esas de los tobillos (y en las muñecas también) van más apretadas que los tornillos de un submarino
Los ingresos principales de esta región son la pesca y el turismo. Venden estas telas llamadas molas que son bastante curiosas:

Y, como digo, de donde sacan pasta es del turismo, ya que es relativamente sencillo encontrar hoteles baratos por la zona. La región está bastante cerca de Ciudad de Panamá, a unas dos horas y media en coche. La primera hora se hace bien. Los últimos cuarenta kilómetros son una carretera llena de cuestas y cambios de rasante que hay que pasar con mucho cuidado. Cobran un dinero por ingresar en su zona y otro más por aparcar el coche en un aparcamiento, aunque también hay que decir que hay aviones regionales que te llevan directamente a la región, pero son tan caros que a nada que viajen dos personas o más sale más económico alquilar un coche (4×4, ¡importante, si no puede que no te dejen pasar!) y dejarlo dos días aparcado.


Los alojamientos, por lo general, son espartanos. Si eres una persona que no puede aguantar estar dos días sin ducharse, o tímidos a la hora de ir al baño, lo vais a pasar mal. Las cabañas son de paja, y los cuartos de baño tienen su taza, aunque hay que llenar un cubo con agua, vaciarlo y… bueno, digamos que las langostas de la zona están bien alimentadas:



Mirad, es como la cuerda esa que había en Lost, pero quizás es mejor no encontrar qué es lo que esconde.
¿Y qué se puede hacer en San Blas? Pues sobre todo descansar. Los propios kunas que te llevan a la isla hacen recorridos con la barca y se pueden visitar otras playas e islas, y otro lugar precioso pero que yo ya no recordaré tan bien: Una zona llena de estrellas de mar.

Una cosa: Las estrellas de mar, como mucho, cinco segundos fuera del agua, que se mueren.
Aquí fue donde tuve el accidente con Canon. Como veis, por el sujeto de la fotografía, el agua me llega más o menos a algo más abajo de la cintura (mido o medía 187, para que os hagáis una idea). Pues bien, bajé de la barca, me aseguré de que hacía pie y cogí la cámara. Colgada al cuello, como siempre, saqué algunas fotos de los amigos con las estrellas. Y cuando me ofrecí para sacar una foto a una chica, agarré su cámara (mejor que la mía), me la colgué al cuello y cuando iba a sacarle la foto cometí el error de agacharme un poco para encuadrar mejor. Y mojé mi cámara con agua de mar. Aunque hice todo lo posible por secarla, después de tenerla unos días en casa con arroz, casi sin dudas puedo decir que me la he cargado
Me queda el consuelo de pensar que una cámara no se rompe si no la sacas por ahí, y que yo creo que en dos años le he dado bastante tralla como para haberla amortizado. Lo que más me jode es que no quiero llevarla a un servicio técnico de aquí porque ya me queda poco para volver a España, y que la voy a tener un mes sin tocar, a no ser que una visita que viene esta semana se la lleve de vuelta a Valladolid y se la dé a mis padres. Pero ya veremos, igual la arreglo, igual no, igual me compro otra, arreglo esta y se la doy a mis hermanas… No sé. Guardemos un minuto de silencio por mi cámara.
No hacen nada más que salirse los bolsillos del bañador que, por cierto, está manchado de óxido, sí.
Por cierto, todas estas fotos son de la primera vez que estuve, claro. También se puede hacer scuba y, aunque lo que se ve no es tan espectacular como en Bocas del Toro, uno se pasa las horas mirando pececitos.
¡Soy un becario asiático! ¡Y tengo los brazos torcidos!
Casi ninguna isla tiene electricidad, por lo que a eso de las siete de la tarde, cuando se hace de noche, ya sólo queda beber a la luz de una linterna y acostarse pronto, aunque hemos visto panameños pro que van con muchas neveras portátiles y hasta generadores con batería de coche.
Recomiendo estar uno o dos días para relajarse y olvidarse de ciudad de Panamá. Os dejo con unas imágenes más para dar un poco de envidia.











